Agua y Cristo, dadores de vida.

Agua y Cristo, dadores de vida.

miércoles, 11 de marzo de 2026

 LA OBSERVACIÓN DE LOS PAISAJES

Observar paisajes serranos y cordilleranos me conmueve. Los árboles vistos desde arriba  forman copas redondeadas dando al suelo esa sombra tan apreciada en los día de calor y, como si tuvieran inteligencia, esa sombra en realidad es para proteger sus propias raíces que, en busca de agua y humedad se abren hacia afuera. Las coníferas son otra cosa; ellas con sus ramas cuidan a su tronco, los protegen de los intensos frios, los abrazan; las raíces de pinos, abetos y cedros se dirigen hacia abajo a gran profundidad. Inteligentes o no... cada especie cuida de si misma. Los curiosos conos de las coníferas y sus encantadoras acículas emiten un sonido al paso del viento siempre dominante que, como voces de gigantes asustan y ahuyentan a cualquier ser humano que se atreve a caminar en la espesura obligando a plantar los pies sobre la tierra o, a dejarse llevar por su torbellino como un impulso necesario. Mientras tanto...suspira de aromas el cedro, cae una hoja de un Ginkgo biloba y otras se arrojan tras ellas como sol de primavera en otoño. Todo me conmueve, las gigantes sequoyas que se dirigen a la inmensidad del cielo, como los musgos sobre la piedra o las algas formando bosques y praderas en el fondo del mar.

 NO HAY AULA MAS GRANDE QUE LA CIMA DE UN CERRO

Un silencio brota de la cima de la misma montaña, lleno, claro y se une al mio, a todos los silencios como las ramas al tronco de los altos cedros. Ese silencio todo lo penetra. La vida espera abajo, hay que descender... mirando el suelo con ojos en los pies y con una carga de humildad que pide el silencio.

                   Himno

¡Detente, aurora de este nuevo día

Fuente: Liturgia de las horas


¡Detente, aurora de este nuevo día,

refleja en mis pupilas tu paisaje! 

Mensajera de amor, es tu equipaje

la hermosura hecha luz y profecía.

 

¡Detente, aurora, dulce epifanía,

rostro de Dios, qué bello es tu mensaje!

Queme tu amor mi amor que va de viaje

en lucha, y en trabajo y alegría.

 

Avanzamos, corremos fatigados,

mañana tras mañana enfebrecidos

por la carga de todos los pecados.

 

Arrópanos, Señor, con la esperanza;

endereza, Señor, los pies perdidos,

y recibe esta aurora de alabanza.

MADRE TERESA DE CALCUTA

MADRE TERESA DE CALCUTA