Con el rastrillo llevaba los cascotes de aquí para allá, entonces... el rumor del viento, levantó el polvo que se escurría entre los dientes de la herramienta, el campesino pensó en las hormigas que la noche anterior había liquidado, y ahora... se vengaban de él en forma de polvo.
Sin mas, tiró el palo hacia el sol y la luna pues era el atardecer en el cielo, asomaban en el cenit no sólo ellos, sino también alguna estrella como Venus, que le recordaba a su casa con blancas y suaves cortinas donde un poco de agua fresca del baño le devolvería la cordura. Entonces, en el segundo que transcurren los pensamientos y el vuelo del rastrillo, un abejorro enfurecido se vengaba ¡sí! de la muerte de su compañera que había caído seca en el piso por el golpe del rastrillo, su vuelo, directo a los ojos del campesino llenó de nubes descoloridas la vista del atormentado hombre.
Sin mas, tiró el palo hacia el sol y la luna pues era el atardecer en el cielo, asomaban en el cenit no sólo ellos, sino también alguna estrella como Venus, que le recordaba a su casa con blancas y suaves cortinas donde un poco de agua fresca del baño le devolvería la cordura. Entonces, en el segundo que transcurren los pensamientos y el vuelo del rastrillo, un abejorro enfurecido se vengaba ¡sí! de la muerte de su compañera que había caído seca en el piso por el golpe del rastrillo, su vuelo, directo a los ojos del campesino llenó de nubes descoloridas la vista del atormentado hombre.
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